Finalmente me di el gusto de ver The Sopranos. Si bien el final me dejó con una cierta incomodidad por lo inconcluso sobre la suerte corrida por Tony y familia, eso no empaña de ninguna manera la gran historia, la profundidad de los personajes en el contexto de la Cosa Nostra, las reflexiones que dejan en el camino y por qué no, la buena banda sonora de la serie.
Me he dado cuenta que en lo que películas o series respecta, tanto en Internet como en la calle, acostumbramos dar una sacra importancia al desenlace. Si llegamos al final y no era lo que esperábamos, la tendencia común es desdeñar cuanto más, mirar ya con otros ojos el valor de la filmación cuanto menos; que a más de un final, tiene una presentación y un desarrollo. Tal como la vida de cualquier mortal en esta tierra.

Hurgando, investigando sobre la vida de grandes personalidades de la historia, no faltarán los casos que encontremos miseria al final de la vida. Si no, decadencia, decrepitud o esa necesidad de alejarnos de lo que resulta molesto. Próceres y grandes personas de la historia argentina y mundial han terminado con trágico final. Belgrano en la pobreza, San Martín en Francia, lejos de su Patria natal, Dorrego fusilado, Napoleón exiliado en una isla, Gandhi y Lennon asesinados, Elvis en un mar de píldoras, vómito y excedido de peso.....Jesús crucificado. Y así muchísimos casos más de personas tan significativas como las nombradas.
Parece hilarante que mezcle a estos hombres y nombres con una simple serie de televisión, pero mi intención es que ésta última sirva de disparador para la reflexión. El final de la historia no determina ni empaña la construcción realizada, no es más importante que los inicios o el desarrollo, que es lo que hacen a la historia. El punto final suele ser canalla en muchos casos, paradójico, ambiguo. No sabe de respetar trayectorias y se ríe de aquéllos que piensan que la suerte última es el veredicto de cómo se vivió. Porque si bien hay casuística prolífica de ejemplos que hacen honor a la máxima "lo que mal empieza, mal acaba" la cantidad de excepciones desnaturaliza la regla como valor rector.
Personas que han modificado el curso de la historia, sea porque ésta debía ser cambiada o porque se resistía al cambio, vivían en su auge con caminar firme, su mirada en alto, acompañado por multitudes de seguidores y tan relevante su accionar que despertaba odios también profundos. Esos mismos hombres se vieron en muchos casos olvidados en sus horas finales, invadidos de melancolía y recuerdos de grandes batallas, perdidos en la hereje memoria de sus contemporáneos a veces, abandonados a su suerte otras. Pero lo que el presente hace ingrato, el orden de la naturaleza y el valor de la historia reivindica.
Volviendo al análisis de esta serie que fue un hito de la televisión, el final en lo que a mi respecta y a diferencia de los variopinto detractores, no me pareció ni por asomo decepcionante. Sí me sorprendió lo abrupto del corte. Pero guarda sintonía con el resto de la historia. Un cuento de familia disfuncional, con abundante patrimonio causado en el crimen organizado (quizá una de las explicaciones de la disfuncionalidad familiar) con un Tony lleno de claroscuros. Capaz de dar todo por su familia íntima como de ser el asesino más frío. Un Tony que en uno de los capítulos le avisa a su conflictuada terapeuta: "Mire que no hay un sólo Tony Soprano, hay 2 Tonys". Es una contradicción viviente, como lo somos muchos en esta tierra. Hay otros que se sentirán cómodos en su sensación de unidirección, de orden interno pacífico, pero creo que la contradicción es lo que nos hace humanos. La contradicción y la lucha interna por resolverla, primero aceptándola como propia y natural.
El Ying y el Yang. El deseo de hacer el bien con alguien conviviendo con el daño.
Quizá algunos televidentes esperaban que al final de la serie esa ambigüedad se resolviera, para bien o para mal. No hubiera cambiado para nada la sensación final, tan conocida en otros finales. El de Breaking Bad, el de Lost o el de Prison Break, por nombrar algunos casos. Es la sensación de fin, de terminación. Cuando leía propuestas de finales alternativos, todos me parecían absurdos o trillados. No sé si este final fue lo mejor, pero reitero: no importa.
Lo que me interesa fue haber conocido esta historia con sus matices y sus personajes. Haber podido captar esa profundidad, y ahora estar intentando expresarla.
Si las historias de televisión, si los grandes libros no prenden la mecha de la reflexión, si no dinamizan el pensamiento mas sirven únicamente de entretenimiento, con un principio un nudo y un final. Si se pasa de una serie o película a otra sin detenerse en los mensajes, en los meta-mensajes y en la sub- trama que regalan, hay consumismo.
En fin, me quedo con la belleza de esta historia televisiva. Con imágenes que quedarán grabadas, como la de Tony en coma, soñando en una habitación de hotel, sólo, amagando con agarrar el teléfono y llamar a su mujer y en lugar de eso, sentarse en la cama para mirar con ajenidad y resignación esa ciudad nocturna de luces resplandecientes. Me recuerda a mis propios sueños en coma luchando por la vida en medio de la oscuridad.
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