martes, 13 de octubre de 2009

La copa rota

Impavido observo como se desmorona mi Racing, el club que esclavizó mi corazon. Frustrado, espero el día en que todo esto termine, ansío despertarme de esta terrible pesadilla. Pero al rato me percato de que no es un mal sueño todo esto, me palpo, miro a los costados, me pellizco los ojos. Es real. Todo esto es real.
La impotencia me invade, deseo aniquilar a todos los responsables de este negro presente. Mas he aquí el inconveniente: todos somos responsables. Algunos más que otros, seguro. Incluso podemos tranquilizarnos con la idea de que hicimos todo lo que tuvimos a nuestro alcance. Aunque esa afirmación cae en la duda cuando idealizamos el manojo de opciones a nuestra medida. Podríamos haber impreso panfletos de bronca, podríamos haber ido a Viamonte a manifestarnos en contra del mafioso Grondona, podríamos averiguar hasta el hartazgo el domicilio de nuestros dirigentes. Pero claro, también tenemos que comer, y para comer, debemos trabajar. Tenemos una vida que se nutre de todo aquello, además de la pasión que ponemos en nuestro club. Reflexiono, y llego a la conclusion que los dirigentes especulan con eso, saben que entre las obligaciones, y el cansancio posterior, no le vamos a exigir con tanta fuerza lo que nos corresponde. Juegan con esa realidad, y meten mano en la caja mientras nosotros nos ocupamos de nuestras vidas.
Llega el domingo, y como zombies nos dirigimos a ver a nuestro equipo, con la vana esperanza de que es el día D, de que desde ese día todo va a ir mejor, vamos a celebrar, levantar la copa mientras disfrutamos de la envidia de los demás.
Racing pierde. La copa está rota. Subitamente nos inyectamos de un atisbo de sensatez y realismo crudo. Nos despabilamos. Empezamos a putear a diestra y siniestra, queremos matar. Día de furia. Nos abren el portón, salimos en masa, todos con una tristeza inconmensurable. Nos espera una semana de terror. Cuando se terminará este suplicio?
Los caminos del exito no difieren mucho si se trata de uno o de varios individuos congregados bajo un objetivo común como lo es un club de fútbol. Se requiere trabajo, sacrificios bien hechos, voluntad y sensatez, aplicado todo en forma continuada, no esporádica. Las causas que llevan a la ruina individual son similares a las que conducen al caos institucional. El presente tetrico que vivimos es efecto inmediato de las decisiones de ayer y mediato de las de anteayer. Con la misma logica, debemos saber que el trabajo que hagamos hoy, va a repercutir mañana. Pero debemos dejar todos en claro cual es nuestro bien comun. Porque algunos se olvidaron de lo comun, se tentaron con lo individual. Si no tiramos todos para el mismo lado nos perdemos en el medio del camino.
La prosperidad en un club, depende de 3 pilares fundamentales: dirigentes, pueblo y jugadores. En todos los casos estamos hablando de seres humanos, surgidos de la misma tierra con una idiosincrasia particular.
Fácil es cargar contra los jugadores cuando las cosas no van. Pero que jueguen ellos y no otros es responsabilidad dirigencial. Y el control sobre los actos dirigenciales nos cabe a nosotros. Mas no se puede controlar si somos los mismos insensatos de siempre, si nos interesa solo el resultado de hoy, si somos hinchas de la hinchada, cantando ¨aunque ganes o pierdas yo te vengo a alentar¨. No, así no. Los dirigentes escuchan semejante declaración y se regodean: ¨aca podemos hacer lo que queremos si total a ellos lo unico que le importa es el aguante¨
Hasta que no abramos los ojos, no nos vamos a despojar de esta terrible pesadilla.

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